El actor Eric Dane, ampliamente conocido por su papel en Anatomía de Grey, falleció el jueves 19 de febrero a los 53 años, después de enfrentar durante meses la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también llamada enfermedad de Lou Gehrig. Su partida fue confirmada por su familia, que destacó la valentía con la que el intérprete vivió su último tramo de vida y la forma en que se comprometió con la concienciación sobre esta condición neurológica.
Según el comunicado familiar, Dane pasó sus días finales rodeado de sus seres más cercanos: su esposa, Rebecca Gayheart, y sus dos hijas, Billie y Georgia, quienes siempre fueron el centro de su universo. La familia agradeció el cariño y el apoyo recibidos por parte de los seguidores y solicitó respeto por su privacidad en este momento de duelo.
La ELA, un trastorno neurodegenerativo progresivo, fue diagnosticada a Dane el año anterior a su fallecimiento. Desde ese momento, el actor decidió no mantenerse al margen, sino usar su voz para visibilizar una enfermedad que a menudo recibe poca atención pública. A partir de ahí, se transformó en un defensor activo de la concienciación y la investigación sobre la ELA, con el objetivo de apoyar a quienes también enfrentan esa realidad y fomentar avances clínicos.
Su última aparición pública tuvo lugar en diciembre de 2025, durante un panel virtual organizado con motivo del Giving Tuesday junto a organizaciones como I AM ALS y Synapticure. Fue su último mensaje público significativo, uno en el que se mostró abierto, sincero y humano sobre cómo era su vida mientras lidiaba con esta enfermedad.
En aquella intervención, Dane compartió con honestidad una parte de su experiencia emocional al enfrentarse a una enfermedad devastadora. «No tengo motivos para estar de buen humor en ningún momento, en ningún día», admitió en un momento de gran franqueza, «y no creo que nadie me culpara si subiera a mi habitación, me metiera bajo las sábanas y pasara las dos semanas siguientes llorando». Sin embargo, también reveló una sorpresa personal: el reconocimiento de una resiliencia interna que no esperaba. A pesar de su diagnóstico, descubrió que podía encontrar momentos de fortaleza que lo alentaban a seguir adelante con dignidad y actitud positiva.
En ese mismo periodo, Dane había terminado el rodaje de Brilliant Minds, una producción en la que interpretaba a un personaje también afectado por la ELA. El papel resonó profundamente con él y, aunque fue difícil separar su propia vivencia de la del personaje, describió el proceso como catártico —una oportunidad para canalizar sus emociones y posiblemente ayudar a otros a través de su arte.
Durante su intervención, el actor hizo un llamado explícito a la comprensión y al compromiso social respecto a esta enfermedad. “Me aseguro de que la gente sepa qué es la ELA y en qué consiste y, lo que es más importante, qué podemos hacer para combatirla… porque es muy difícil”, expresó con claridad, señalando también los retos que conlleva avanzar en investigación debido a los obstáculos y la burocracia que ralentizan el progreso.
Incluso en los momentos más complejos de su camino, Dane optó por transformar su situación en una plataforma para ayudar a otros. Su último mensaje público reflejaba no solo su lucha personal, sino también su deseo de que esa lucha tuviera un impacto positivo en la vida de otras personas, generando mayor comprensión y solidaridad.
Al momento de su fallecimiento, Eric Dane deja un legado que va más allá de sus papeles en la pantalla. Además de su carrera artística, queda la huella de un hombre que enfrentó su realidad con transparencia y coraje, y que usó su voz para visibilizar una enfermedad poco conocida. A su esposa y sus hijas, le sobreviven también el afecto de admiradores que lo recordarán por su autenticidad, su compromiso y su capacidad para compartir su experiencia de vida incluso en circunstancias complejas.


